Desinformación en momentos críticos: cuando el ruido compite con los hechos

Vamos a entender cómo se desinforma, quién lo hace y por qué, y qué actitudes podemos adoptar como ciudadanos para no convertirnos, sin quererlo, en parte del problema.

Cuando ocurre una tragedia, como el reciente accidente ferroviario en Córdoba, todos buscamos lo mismo: entender qué ha pasado. Queremos información, contexto, explicaciones. Y las queremos cuanto antes.

El problema es que, en esos primeros momentos, la información verificada convive con rumores, interpretaciones apresuradas y contenidos directamente falsos. No siempre por mala fe, pero sí con consecuencias muy reales.

Hoy no vamos a analizar bulos concretos. Vamos a algo más útil: entender cómo se desinforma, quién lo hace y por qué, y qué actitudes podemos adoptar como ciudadanos para no convertirnos, sin quererlo, en parte del problema.


¿QUÉ ENTENDEMOS POR DESINFORMACIÓN?

La desinformación no es solo una mentira. Es un fenómeno mucho más complejo que puede presentarse como:

  • Información falsa creada deliberadamente.
  • Información verdadera sacada de contexto.
  • Hipótesis convertidas en hechos.
  • Opiniones presentadas como datos.
  • Contenidos emocionales diseñados para impactar más que para informar.

No toda la desinformación nace con mala intención, pero toda desinformación tiene efectos.


DESINFORMAR SIN QUERER… Y DESINFORMAR A PROPÓSITO

Aquí conviene hacer una distinción clave.

Desinformación inconsciente

Muchas personas desinforman sin saberlo. Comparten mensajes porque les impactan emocionalmente, creen que están ayudando, confían en quien se lo envía o piensan que “por si acaso” es mejor difundirlo.

No hay mala intención, pero el daño se produce igual.

Desinformación deliberada

Luego están quienes aprovechan conscientemente el contexto para ganar visibilidad, para reforzar un relato ideológico, para generar desconfianza, o para obtener beneficio económico o político.

En momentos de tragedia, el terreno es especialmente fértil para este tipo de prácticas.


FORMAS HABITUALES DE DESINFORMAR EN CONTEXTOS DE TRAGEDIA

Sin entrar en casos concretos, estas son algunas de las estrategias más comunes:

1. La prisa por explicar lo que aún no se sabe.

Se difunden causas, responsables o fallos técnicos como si estuvieran confirmados, cuando las investigaciones apenas han comenzado.

2. El refuerzo del argumento con supuestos “expertos”.

Muy habitual: se afirma algo y se legitima diciendo que lo ha dicho “un experto”, “un ingeniero”, “un técnico ferroviario”… Pero no se cita nombre, no se cita fuente o no se puede comprobar esa información.

El uso de la palabra experto da una falsa sensación de autoridad, aunque no haya ninguna detrás.

3. Opiniones convertidas en hechos.

Especialmente en redes sociales: alguien opina con contundencia y ese mensaje se interpreta como información contrastada.

4. Imágenes y vídeos fuera de contexto.

Material antiguo, de otros países o de otros sucesos que se presenta como actual, reforzando una narrativa falsa.


EL NUEVO FACTOR: LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Aquí aparece un elemento relativamente nuevo y muy preocupante: la IA.

Hoy en día, la inteligencia artificial permite generar imágenes hiperrealistas, vídeos creíbles, audios falsos con voces humanas o documentos aparentemente oficiales.

Ya no hablamos de montajes burdos, sino de piezas muy bien construidas que engañan incluso a personas acostumbradas a trabajar con este tipo de contenido. La calidad suele estar muy por encima de la capacidad media del usuario para detectar si algo es falso o no.

Esto multiplica la capacidad de la desinformación, especialmente en redes sociales y mensajería privada.


¿POR QUÉ FUNCIONA TAN BIEN LA DESINFORMACIÓN?

Porque no compite en datos, compite en emociones.

En una tragedia queremos respuestas rápidas, sentimos miedo, tristeza o rabia, buscamos culpables y necesitamos dar sentido a lo ocurrido.

La desinformación ofrece explicaciones simples a situaciones complejas. Y eso, psicológicamente, es muy potente.


EL RIESGO DE LA BURBUJA INFORMATIVA

Y aquí llegamos a otro punto clave: la burbuja.

En redes sociales, los algoritmos aprenden rápidamente qué contenidos nos gustan, cuáles compartimos y cuáles rechazamos. El resultado es que acabamos consumiendo información alineada con nuestras ideas previas, mientras se invisibiliza todo lo demás.

Esto provoca que solo veamos una parte del relato, desconfiemos automáticamente de fuentes que no encajan con nuestra visión y reforcemos nuestras creencias sin contrastarlas.

La desinformación se vuelve así más difícil de detectar, porque encaja perfectamente con lo que ya pensamos.


¿QUÉ PODEMOS HACER COMO CIUDADANOS?

Aquí está la parte más importante.

1. Frenar antes de compartir.

No todo lo que impacta merece ser difundido.

2. Desconfiar de las explicaciones demasiado rápidas.

En tragedias, la información fiable suele tardar.

3. Exigir fuentes claras.

Especialmente cuando se apela a “expertos” sin nombre ni contexto.

4. Diversificar las fuentes.

Salir de nuestra burbuja informativa, leer medios distintos, contrastar.

5. Aceptar la incertidumbre.

No saber algo todavía es preferible a creer algo falso.


CONCLUSIÓN

En momentos de dolor colectivo, la información también es una forma de respeto.
Respeto a las víctimas, a sus familias y a la verdad.

La desinformación no siempre nace del engaño, pero sí se alimenta de nuestra prisa y de nuestras emociones.

Por eso, informarse bien y compartir con responsabilidad es, hoy más que nunca, un acto de compromiso ciudadano.


Escúchanos en nuestra sección en COPE Cantabria

Extracto del programa Mediodía COPE en Cantabria. Puedes escuchar el programa completo aquí.

José Carlos Gallego
José Carlos Gallego